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miércoles, 29 de abril de 2026

ANTES DE QUE SE ENFRIE EL CAFE

Fecha de inicio: 18 de Abril de 2026
Fecha de finalización: 29 de Mayo de 2026
AutorToshikazu Kawaguchi
País: Japón
Año: 2015
Género: Novela histórica


Sinopsis

La historia transcurre en una pequeña y antigua cafetería de Tokio llamada Funiculi Funicula. Según la leyenda local, en este lugar es posible viajar al pasado si te sentás en una silla específica. Sin embargo, existen reglas estrictas:
No podés moverte de la silla durante el viaje.
Nada de lo que hagas cambiará el presente.
La más importante: el viaje termina y debés regresar antes de que se enfríe el café.

A través de cuatro relatos, conocemos a distintos personajes que deciden correr el riesgo para reencontrarse con seres queridos y decir aquello que quedó pendiente

Opinión Personal de Vanesa: 
Para mí fue un libro distinto, al principio me costó y encima se me mezclaban los personajes, pero a medida que avancé, empecé a entender que no era un libro de viajes en el tiempo, sino sobre las cosas que uno se guarda, las despedidas y las oportunidades perdidas.
Me gustó porque es simple de leer, corto y muy humano. Te hace pensar en cuántas veces uno quisiera volver atrás solamente para decir algo pendiente.
Creo que justamente ahí está lo más lindo del libro: entender que quizás no podemos cambiar lo que pasó, pero sí la manera en que lo recordamos o lo aceptamos. 
Es un libro que te deja pensando.


2 comentarios:

  1. Tras cerrar las páginas de Antes de que se enfríe el café, de Toshikazu Kawaguchi, queda una sensación agridulce que invita a la reflexión. El autor nos traslada a una cafetería suspendida en el tiempo, un rincón especial donde lo imposible ocurre: la oportunidad de viajar al pasado para saldar deudas. No hablo de deudas materiales, sino de esos asuntos pendientes que se quedan grabados en el tintero de las emociones; palabras no dichas o abrazos postergados que el tiempo no ha logrado borrar.

    A lo largo de sus páginas, acompañamos a cuatro personajes que deciden desafiar las leyes de la lógica. En sus historias, el viaje no busca cambiar el destino, sino encontrar una necesaria catarsis para cerrar ciclos, resolver conflictos internos y, finalmente, liberar sentimientos contenidos.

    Es una lectura ágil y breve, aunque mi experiencia personal tuvo un matiz particular. Existe en la narrativa —quizás por la sobriedad propia de la literatura japonesa o por el proceso de traducción— una suerte de distancia emocional. A pesar de que las premisas son profundamente conmovedoras y parecen diseñadas para arrancar un lagrimón, la prosa se mantiene contenida, casi fría, lo que me impidió conectar plenamente con el sentir de los protagonistas. Leí sus vidas como quien observa un cuento lejano, sin que el corazón llegara a involucrarse del todo.

    Sin embargo, el valor real de la obra reside en su mensaje filosófico. Nos recuerda que no debemos dejar que nuestra existencia se convierta en un "café recalentado"; la vida debe disfrutarse con la intensidad y frescura del primer sorbo.

    Al final, el libro nos enseña que, aunque el ayer no pueda modificarse, nuestra percepción sí puede sanar:
    "Lo que les ha transformado en su regreso al pasado ha sido el alma. El alma lo es todo. Por muy duro que sea el presente y por mucho que este no cambie, si el alma se transforma, todo podrá superarse. Ese es sin duda el verdadero sentido de la silla”.

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  2. Antes de que se enfríe el café fue un libro que me sorprendió. Al comienzo me resultó extraño imaginar ese pequeño café japonés donde, sentándose en una mesa determinada y en una única silla, las personas podían viajar al pasado o al futuro. Sin embargo, a medida que me fui adentrando en las cuatro historias, descubrí que no hablaban de algo extraordinario, sino de lo más cotidiano y humano: los vínculos, las palabras dichas y las que quedaron pendientes, los abrazos dados y los postergados, los encuentros y las despedidas que forman parte de toda vida.

    Es un libro entrañable porque nos recuerda que, aunque pudiéramos volver atrás o asomarnos al futuro, hay algo que permanece inalterable: el valor del presente. A mi entender, esa es su gran enseñanza. El aquí y el ahora es lo más real que poseemos; es el único lugar donde podemos amar, elegir, reparar, agradecer y construir.

    Muchas veces nuestra mente queda atrapada en lo que ocurrió o se inquieta por lo que podría ocurrir. Miramos hacia atrás con culpa o nostalgia, y hacia adelante con ansiedad o incertidumbre. Permanecer en el presente no es sencillo, pero el libro me hizo pensar que quizás allí reside uno de los mayores desafíos de la vida.

    Al cerrar sus páginas me quedó una convicción profunda: tomar el café hoy con quien necesita compartirlo, tener esa conversación que venimos postergando, expresar el cariño que sentimos, pedir perdón, agradecer, abrazar. No esperar el momento perfecto ni dejar para mañana aquello que puede llenar de sentido este día.

    La vida está hecha de esos pequeños grandes momentos que parecen simples, pero que terminan siendo los más valiosos. Y como nos recuerda el libro, no sabemos cuánto tiempo tenemos antes de que se enfríe el café.

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